Eres uno de esos malditos…
Escribes como esos poetas malditos que dicen ser hijos de la inspiración instantánea y trasnochada que postularon los ingenuos amigos de Bretón, sin embargo no pretendas ser un vanguardista de tus decadencias, porque de seguir así, en ellas te puedes a quedar…
Tienes casi doscientas páginas rayadas entre dichos y palabreríos, pero sientes que nada dicen en total… y aunque quizás a ratos tienen sentido, la verdad es que ninguna crees que sea digna de narrar; escribes como esos poetas malditos, como si tuvieras algo interesante que decir… casi engañándote y rebuscando en lo que no tienes. – dijo el maestro al revoltoso y novel escritor. Sin embargo ni las duras palabras del viejo y sabio maestro le impidieron seguir escribiendo; sólo que desde ahora lo haría en otro sitio y sin maestros. A la mañana siguiente el joven y empedernido escritor dejó el taller y en él una nota que entre líneas quizás explicaba los enfermizos deseos de éste por seguir escribiendo.
- ¡Escribo hoy para mañana poder tener el gozo de desconocer mis dichos, mis quejas y mis absurdos ideales!-
Era obvio, eran los años del derroche mental, su cabeza no era la apropiada.
Escribes como esos poetas malditos que dicen ser hijos de la inspiración instantánea y trasnochada que postularon los ingenuos amigos de Bretón, sin embargo no pretendas ser un vanguardista de tus decadencias, porque de seguir así, en ellas te puedes a quedar…
Tienes casi doscientas páginas rayadas entre dichos y palabreríos, pero sientes que nada dicen en total… y aunque quizás a ratos tienen sentido, la verdad es que ninguna crees que sea digna de narrar; escribes como esos poetas malditos, como si tuvieras algo interesante que decir… casi engañándote y rebuscando en lo que no tienes. – dijo el maestro al revoltoso y novel escritor. Sin embargo ni las duras palabras del viejo y sabio maestro le impidieron seguir escribiendo; sólo que desde ahora lo haría en otro sitio y sin maestros. A la mañana siguiente el joven y empedernido escritor dejó el taller y en él una nota que entre líneas quizás explicaba los enfermizos deseos de éste por seguir escribiendo.
- ¡Escribo hoy para mañana poder tener el gozo de desconocer mis dichos, mis quejas y mis absurdos ideales!-
Era obvio, eran los años del derroche mental, su cabeza no era la apropiada.


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