Mientras el violín canta y resuena contra el viento seco y ausente, el cuerpo ejecutante danza, no haciendo otra cosa que eso: Ejecutar, pues mientras más anónimo sea el cuerpo más valorada será la obra. Es éste entonces, un claro ejemplo de ficio y excelencia en el ficio y al mismo tiempo de la triste aceptación del anonimato de mismo talento.
Ese violín suena como un violín de los mismísimos Dioses; Ese violín suena como ha sonado en las manos de miles a lo largo de los años.

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