Bienaventurados aquellos que desde la comodidad de sus teclados suman fuerzas aparentes sin remordimiento alguno, que a diferencia de otros, ellos no necesitan hacer acción en la nueva causa, ni les es necesario tener una propia, pues les basta con manoseado y ya citado juego de la imagen aparente de la persona.
¡Disculpen la insistencia!

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