Estamos sentados alrededor de una mesa y una cerveza nos acompaña,
El entorno es dócil, pero no menos absorbente.
Nuestra mesa es la de la esquina, esta pegada a una pared roja,
Esa, la de los cuadros en tonos violentos...
Nos reíamos, algo conversamos, actuamos distantes,
Algo temerosos y confundidos, como disfrutando lo poco;
Sin embargo, no tardamos en quedarnos en silencio,
Como esperando ser sinceros,
Como esperando que me digas lo que en realidad quieres;
Lo que en realidad sientes,
Como pensando en si es bueno interrumpir ese momento cobarde y sordo.
Ninguno actúa,
Ninguno trata de hacerlo,
Como tratando de que no nos gane la incomodidad,
Ninguno demuestra lo verdadero y por lo mismo, nuestros ojos escondemos.
Pasan los minutos, pasan las miradas
Y mil impulsos de amar son maniatados por la inseguridad de verme amando,
Por tu frialdad auto impuesta,
¡La que yo te contagié!
La que me hizo perderme,
¡La que me auto condené!
Esa frialdad egoísta y absurda,
Esa que me ayudó a ausentarme,
Esa que me tiene aquí, frente a ti, vivo, pero no menos enfermo.
(...)
(La música nos acompaña y la cerveza ya se aburre de tanta espera.
El reloj avanza a destiempo y aunque lo intentemos, nunca es suficiente,
Pues ninguno alza la voz, ninguno en el nuevo intento)
(...)
Creíamos que estábamos como antes,
En una de esas juntas embriagantes y fantasiosas,
Pero ninguno lograba esa sensación;
Si pareciera que ni tú ni yo fuimos capaces de quedarnos con algo de lo bello
Para traerlo hoy a la mesa…
Así, sin obsequios ni engaños llegamos desnudos, pero ciegos.
¿De qué nos sirvió la desnudez?
De nada nos servía conversar lo cotidiano, si lo nuestro ya no era:
No será lo mismo.
Creíamos estar en otra de esas tardes,
Intentamos que sea como otra de esas tardes,
¿Pero cómo?
Si en realidad no hacíamos otra cosa que conocernos
¿Para qué?
Para quizás finalmente decidir no vernos
¿Cómo?
Si ya no éramos los que quisimos ser,
Si ya ni la carta no escrita, ni el beso...
(...)
Estamos sentados alrededor de una mesa y una cerveza nos acompaña,
El entorno es hostil, pero no menos interesante,
Nuestra mesa ya no es la de la esquina,
Ahora estamos cerca del jardín,
Pegados a una pared incolora y desconocida,
Quizás, ahora la del cuadro eres tú,
Quizás alguna vez me soñé en esta cita,
Quizás nos equivocamos de trago,
Quizás de mesa,
Quizás es mi angustia, mi torpeza,
Quizás es mi disgusto de ermitaño
Y es que a veces soy tacaño, impulsivo y luego caigo avergonzado;
Quizás hoy no lo entiendas, pues quizás sólo sean mis insufribles deseos de amar
O sólo se trate de que me es difícil verte feliz, mientras yo en esta fría pieza.
No logro vernos y la conversación definitivamente no fluye;
Quizás se trate de franqueza,
Quizás es el humo de tu cigarro
O el alcohol en mi cabeza,
Lo único que se, es que el sorbo es volátil y la música ya no me suena a fiesta,
Pues el baile no implica gozo, y es que sólo escucho el respirar de mi corazón dormido y la cursi melodía de su oxidada orquesta.
Las calles cierran y la hora nos condena,
Pues no se si mañana pueda abrir tu puerta;
Quizás no sea yo quien llegue a ti pidiéndote la palabra hoy ausente,
La respuesta correcta, un sí desesperado, la sílaba concreta…
Quizás no sea yo quien mañana se atreva...
Y ojala que me reconozcas, y por la figura forastera te dejes tocar
Porque si de conversar se trata, ya no somos buenos
Y es que no somos hoy, lo que en su mejor momento fuimos
(...)
Entonces es cuando nuevamente nos toca partir,
Pues ya el silencio no aburre, ahora hostiga,
Como nuestras ganas de estar,
Como los recuerdos y las sobremesas que me inquietan los días preguntándome
El por qué de sus sueños regresivos y de las alegrías perdidas;
Como si lo supiera,
Y nada les digo,
Y es que aun no tengo respuesta,
Pues sólo escribo agotando mi calma
Sobre las letras del final de ésta,
Nuestra incierta
Historia abierta.

1 comentario:
Me gusto mucho lo que escribiste mangel :) un besito, nos vemos!
Publicar un comentario