Cada cigarro un deseo, cada canción, un silencio. Joven de imagen irrelevante, acusa ser inocente, pero no hay condenas, no hay culpas y aun nadie habla de quejas. De estilo irreverente, él no entiende de faltas, no ve el daño, habla de la buena imagen y la decencia, más nada le impide crear viajes de sucias escenas; y es que aun no sabe cómo fue que ocurrió, en qué momento, bajo qué licencias. Pero es paciente, y en el secreto se queda, sin reclamos, esperando a que nuevamente suceda; en la noche, tras la última conversación, luego del cigarro, a un costado de su cama, tras una sonrisa; palabras escondidas, señales disfrazadas, caminatas libres, manos desatadas… en su habitación, tras la olvidada inocencia, luego de un trago y una que otra pena…
Hoy, él se consume en el morbo de verle desnuda, ella al tercer día ya no soporta su ausencia; y es que ninguno quiere ser menos, pues en el acto, para suavizar a sus confundidas almas, revuelcan el deseo; ella parece esperar que no sea más que eso, sólo un juego, él espera lo mismo pero sin miedos. Escondidos amantes no dejan de ponerse a prueba, mentes torcidas, cuerpos sagrados, ángeles del encierro, fugitivos momentáneos. Viven en el silencio esperando lo incierto; impulsados de incógnitos deseos, buscan límites imperfectos, de esos ausentes, límites enfermizos.... inexistentes; y tras ellos la lujuria escandalosa del último beso, su iglesia y las represiones formales de los día a día… tras ellos, la musa inspiradora de viscerales fiestas, amigos carnales, juguetes y aparatajes de exuberantes juergas. Tras ellos un nuevo encuentro, tras cortinas y en suspenso… son ellos, carne y sangre violenta, enemigos desconocidos, futuros antagonistas de la nueva escena.
Hoy, él se consume en el morbo de verle desnuda, ella al tercer día ya no soporta su ausencia; y es que ninguno quiere ser menos, pues en el acto, para suavizar a sus confundidas almas, revuelcan el deseo; ella parece esperar que no sea más que eso, sólo un juego, él espera lo mismo pero sin miedos. Escondidos amantes no dejan de ponerse a prueba, mentes torcidas, cuerpos sagrados, ángeles del encierro, fugitivos momentáneos. Viven en el silencio esperando lo incierto; impulsados de incógnitos deseos, buscan límites imperfectos, de esos ausentes, límites enfermizos.... inexistentes; y tras ellos la lujuria escandalosa del último beso, su iglesia y las represiones formales de los día a día… tras ellos, la musa inspiradora de viscerales fiestas, amigos carnales, juguetes y aparatajes de exuberantes juergas. Tras ellos un nuevo encuentro, tras cortinas y en suspenso… son ellos, carne y sangre violenta, enemigos desconocidos, futuros antagonistas de la nueva escena.

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