Desde hace un tiempo asco me dan mis líneas, asco al releerlas; desde hace un tiempo... ante la sobre población de poemas, pena me dan las hojas que nada valen sueltas, que nada buscan, no más que excusas y nuevas luces de gastadas velas; son viudas, supuestos de gloria y restos de polvo en tinta seca. Y es que al parecer es momento de empezar a escribir de nuevas maneras. Pues si bien mucho se ha escrito ya, a ratos poco dicen en total las letras. De todas formas y como sea, hoy prefiero distanciarme de este instante volátil, que por vergüenza es mejor la espera...
(…)
Es momento de comenzar a gritar, para jamás nunca volver a poetizar, para no volver a escribir, para nunca más permitirme leer, para jamás nunca por la palabra de otros volver a dudar. Para de una vez por todas escuchar mi voz, para de salivas saber explotar, para escupir y en el acto, al grito desde mis entrañas desgarrar. Para más no dormir, hasta ya no saber lo que es callar. Entonces y sólo entonces volveré a sentir; entonces y sólo entonces quizá vuelva a dudar. Entonces y sólo entonces quizá me permita volver a pensar.
Por ahora todo se reducirá al acto animal, en idiomas hostiles muchas veces ajenos de placer, mi cuerpo sabrá lo que es reducirse a los juegos de una bestia no vista por la muchedumbre ni por tu deambular; Cuando esto sea, el cuerpo, por menos opción que destino, entonces pasará a ser mucho más de lo que siempre se le ha enseñado a ser: instrumento del que muchos han renegado. Y es que muchos nunca le supieron ver y pocos le han sabido llevar a volar.
¡Hombre de alma seca! El cuerpo, tras el grito, y para el bien de las pocas hojas en blanco que aún quedan, no engendrará en prosa prejuicios ni limitaciones, a cambio sólo sabrá de nuevos sentidos y travesías para ti mudas e intocables. Él brillará tras su propia búsqueda, tras la superación y, he aquí el costo: La aniquilación de si mismo; pues existe la creencia de que tras la brutalidad de los latigazos, el gusto y la sed por éstos siempre queda; de ser así, habrá llegado el momento en que la carne estará finalmente donde alguna vez ya estuvo, por sobre el pudor de aquellos que nada saben de lo que sus cuerpos desean.
De ser así, la cabeza será reducida a lo que alguna vez fuimos: instinto, roce y la sangre hirviente de tus venas; acto animal, grito desmedido, fuimos todo, y acto fuimos, fuimos todo e hilo conductor de vísceras ciegas fuimos. De ser así, no habrá léxico capaz, no habrá señal ni gesto alguno que comunique más que la ansiada desesperación de aquel grito ausente de tintas e inspiraciones. De ser así, y cuando sea, será que tras el cuerpo, el momento llega.
Pero el grito no nace tras la sola idea del grito, ni es completamente carne. El acto no nace tras la sola inquietud, menos bajo las cabezas faltas de su tiempo; el grito nacerá donde menos se le quiera ver, donde nadie le esperó, donde nunca debió nacer. En parto y sudor: el grito nacerá ausente de plumas, en arcas propias, desde lo más íntimo del destierro, desde la pérdida de la memoria. Así, tras el grito vivo, pasarán días, semanas y relativos años, y no importa cuántos éstos sean, pues el grito ya fue encomendado, el animal ya fue descubierto, y es que el halo desde ahora, nunca volverá a ser maniatado. Antes he de preferir mi ceguera, mi torpeza y la muerte de mis inútiles pasiones; antes prefiero ser un ausente inválido de virtudes, que no les necesito, ¡Y te digo sí, me desbautizo! Pues he aprendido de la necesaria negación de ellas, que por ellas las virtudes, hoy se que cada uno camina en su propia condena. Tras la culpa, bajo el yugo, aunque desafiantes ¡Todos, la culpa llevan! ¡Pero tú, no apuntes fijo!, no apuntes... en el gozo de un juicio, que por más que lo intentes, nunca sabrás lo que tras su intención mi grito lleva.
Muchos caminaron y aguantaron hasta alcanzar la gloria, muchos lo han logrado, todos con cuotas de orgullo y prepotencia, hasta en algunos casos, desfachatez e inconsecuencia; hoy, antes que ello, prefiero la desnudez y la que fuera mi última entrega. ¡Pues como quizá bien saben! mis vicios fueron inútiles y mis delirios, un buen intento de esas quejas, pero aun así, y para la tranquilidad que me espera, como alguna vez se los dije, todo y nada tras ello hoy queda. Todo y nada tras la manipulada lenta espera.
El grito ya fue liberado, y el tiempo dirá cuán necesario éste sea. Es verdad, poco sabemos de él, nada escuché en mi lengua sobre semejante idea, y si bien algo se escribió alguna vez bajo la desconfiada ciencia, preferí no saber de síntomas o de mortal consecuencia, y es que en situaciones como ésta, la ignorancia es una gran sabia, es musa y la tierna reina de la fiesta. ¡Y mejor será que sí, le temas! que de coraje pocos saben, más y mejor saben de toda clase de indiferencias; ¡Y mejor será que si, que tras el grito te detengas! que las excusas ya no serán válidas, que ya todo habrá sido dicho, que ya nada es necesario, que ya todo quedó, y te digo ya no corras, que al fin y espero comprendan, que como se dijo antes, sin importar cuán eterno este sea, hoy tan sólo el grito es la respuesta a tan opaca herencia.
¡Y me verás gritar! Hasta quemar mis pulmones, hasta que la voz no dé a bastos, hasta que quede uno escuchando, hasta que sea dicho todo, hasta cuando sea necesario, hasta saborear el instinto, hasta no saber de silencios, hasta ahogarme en mis lenguas, hasta cuando del grito pase a lo calmo, al vacío, a tu espanto, a mi nuevo estigma, al intangible cuerpo, al animal domesticado. Y me verás gritar, hasta desvelarme en la garganta de mis histerias, hasta azotarme tras el viento, hasta cuando el oído no entienda; reventaré mis mil voces, gritaré sin rencores ni condenas, hasta que mis sentidos se pierdan, impulsivo, hasta que el aire escasee en mis pulmones, hasta que la ingenuidad del respiro pida un descanso, gritaré sin temores ante el Dios y lo castrado. Y te digo gritaré, tras el acto encausado.
¡Y me verás resplandecer! En fuegos amigables y de sables empuñados. En pleno éxtasis, tras orgasmos no practicados, tras el brillo siempre mal visto, seré ceguera de tu mejor instante. Descubriré tus lineamientos, y tus falsas maneras, hasta que me veas como siempre y nunca quisiste; hasta que de felicidad en la espera te veas delirando, hasta que el llanto nos encandile y mi cuerpo deje de cegarnos. Resplandeceré hasta cuando el ocaso, hasta cuando los colores, hasta que tus verdades al verso no aguanten, hasta que mis carnes, hasta que las tintas se guarden, todo descubriré hasta lo insaciable. Y me verás resplandecer, hasta que nada pueda evitarlo, hasta tus deseos y lo pactado, hasta que el ángel se haga presente, y el genio sea expulsado. Y te digo resplandeceré; tras el grito inesperado.
¡Y me verás caer! De rodillas, sangrante sobre las veredas; en regocijo, lúcido tras el inconsciente, dando paso al gemido, me despediré de mis últimos gritos; entre charcos, hasta borrarme de sus memorias, recordando al niño, caeré apretando mis dientes tras salivas fervorosas. Tras el grito, caeré pleno, caeré sonriendo, calmo y enmudecido; sobre lo no apropiado: jardín de hojas bosque otoño o mar de lenguas ardientes, me verás caer, tras la fatiga y el intento, tras la ya entonces modificada historia, tras el último aliento, bajo la calma de lo ya hecho, tras la garganta y su última gloria; y me verás caer a piso, a suelo muerto, sobre el lugar jamás señalado, sin saber cuánto todo esto duró, sin conocimiento de horas ni de años, me verás caer hasta que mis ojos no busquen horizonte, y el despojo sea total tras el grito alguna vez profetizado. Y te digo caeré, tras el resplandor alcanzado.
¡Y me verás desaparecer! Tras el callejón, entre mis últimos harapos, tras el perdón de mi cuerpo, luego del deambular incesante y el segundo enclavado; aceptando la locura y conquistando los miedos, tras nuevas vidas, enardeciendo nuevos vuelos, me verás no volver, tras el viaje y los contagiosos anhelos. Y te digo desapareceré, tras el esperado gozo, hasta que ni mi nombre, ni nada de mí quede, ni elogios, ni reparos, ¡Nada! ni lo prometido, ni lo rebuscado. Y me verás desaparecer tras el descanso y la venia de mis últimos susurros, tras la incertidumbre y lo no finalizado, hasta que mis hojas y algunos cantos, hasta no ser más que un sutil y simple soplo entre libros de páginas en blanco. Y te digo desapareceré, por lo jamás preguntado...

2 comentarios:
¡Y me verás resplandecer! En fuegos amigables y de sables empuñados. En pleno éxtasis, tras orgasmos no practicados, tras el brillo siempre mal visto, seré ceguera de tu mejor instante. Descubriré tus lineamientos y tus falsas caretas, hasta que me veas como siempre y nunca quisiste; hasta que de felicidad en la espera te veas delirando, hasta que el llanto nos encandile y mi cuerpo deje de cegarnos. Resplandeceré hasta cuando el ocaso, hasta cuando los colores, hasta que tus verdades al verso no aguanten, hasta que mis carnes, hasta que las tintas se guarden, todo descubriré hasta lo insaciable. Y me verás resplandecer, hasta que nada pueda evitarlo, hasta tus deseos y lo pactado, hasta que el ángel se haga presente, hasta que el genio sea expulsado. Y te digo resplandeceré; tras el grito inesperado.
No tengo palabras...solo decir que me supero.
Es momento de comenzar a gritar, para jamás nunca volver a poetizar, para no volver a escribir, para nunca más permitirme leer, para jamás nunca por la palabra de otros volver a dudar.
Publicar un comentario