lunes, 10 de mayo de 2010

CONFIESO VORÁGINE DE UN ALARDE...

Malditos los años, maldita la sequedad, maldito el mañana y todo lo que nos hizo esperar aquel despertar, maldito también el despertar; malditos tus labios y mi valentía, malditos mis años y la poca vida, maldito el beso: primer culpable y los encuentros a escondidas, maldito el sentir y el lugar que nos dio cabida, malditos los pasos coléricos y las sonrisas perdidas, malditos estos segundos y las memorias de tu piel dormida. Y maldigo quizá porque sonreímos mucho, quizá demasiado, más que en siete de nuestras mil vidas, y quizá tengamos que sí, hablar de castigo, ¡Entonces maldigo también al castigador! Quien sea le maldigo, pues nunca le vimos, le maldigo entonces porque nunca se hizo presente, malditos los perdones, y las bendiciones ausentes, ¡Maldito el castigo y el miedo que nunca supimos tenerle!

Malditas las heridas del cuerpo y las cicatrices que en ellas aun veo el gozo, maldita la carne, la carne, tu carne, que me enseñó de hambre, que de ella me supe saciar hasta lo inconfesable; maldito el gozo que ya saturado a nada encuentro sabor, malditos los mil sabores que aun tengo sólo el tuyo; maldita la lengua, tu lengua que se, aun recuerda el mío...

Malditas tus manos que supieron dar cariño, maldito el cariño y dar vacío, malditos quienes dan a mano extendida y agradecen esperando, maldita la espera, que tuvimos que aprender de ella; malditas mis manos que no supieron más que robarte el alma, y maldita mi alma que desde hace un buen tiempo en tus manos ya no descansa...

Malditos tus labios, tus labios presa, malditas las sábanas y la fogata ciega que supo de tí tras la noche primera, malditos tus labios que aun me besan y malditos los besos que entre salivas aun te esperan, malditos mis labios y el color que en ti reflejan, malditos tus labios y la humedad que les condujo, malditos los lugares por donde anduvieron, malditos tus labios que llegaron hasta mis dedos, malditos mis dedos que aun tocan los tuyos, malditos los tuyos que desde hace un tiempo muerden mis delirios, malditos mis delirios que en ellos veo sangre, maldita la sangre, tu sangre que por ella busqué incontrolable, maldito el control, que nunca jugó de nuestra parte, malditos los delirios, los juegos y los aparatajes; maldito los aparatajes y el filo de los cuchillos, maldito el cuchillo y el placer del dolor en mis pasos, maldito el mordisco, maldita la herida y el corte acordado. ¡Malditas las ganas y el juego! Malditos quienes en gloria le conocieron, malditos nosotros que aun gozamos de ellos, malditos quienes nunca imaginaron, malditos los gritos, los orgamos, los te quiero, los te amo, malditos los silencios, malditas las palabras que no salieron para no arruinarlo, maldito el deseo de vernos violentados...

Malditos tus dientes que aun sangran el sudor, malditos el sudor, maldito el desenfreno, malditas tus emociones, el alcohol, tu cigarro y la locura de tu cuerpo; malditas mis ganas de verte lamiendo; malditas las paredes, que de lo nuestro supieron y malditos quienes estuvieron a punto de hacerlo; malditos tus pechos, tu cintura, tus pies, tus cabellos; malditos los rumores y los nuevos secretos; malditos los rumores, las miradas, las sospechas, malditos nosotros que nos supimos burlar de ellas; malditas las ganas de querer gritarles que sí, que así es, desde antes y para siempre, y que si, que fuimos ese otro par de imprudentes.
Malditos los rumores y los supuestamente, malditos los viajes y las madrugadas, malditas las esperas y los bailes entre caras arrebatadas. Malditas las ganas de esa soledad prisionera, maldita la inconformidad de nuestras almas que por ello pagamos el ahogo de la verdad, cautiva eterna. Malditos los rumores y los supuestos, malditos los ingénuos e inconscientes cómplices que aun no saben, y los que alguna vez pudieron saberlo. Maldito el auto convencimiento que utilizaron, malditos nosotros, malditos ellos; malditos nosotros y el sucio acto de negarnos como si hubiera sido algo incorrecto, maldito lo correcto que si esto no lo fue, no veo la importancia de un real concepto.

Maldita ésta, la que fuera tu mezcla perfecta, que perfecto nunca a nadie entendí, que de fantasía y gritos supimos, que de guiones y silencios tuvimos, malditas las palabras y los personajes, malditos los ecos, las obseciones, los no creo, los yo quiero, los no entiendo, las quejas, las excusas y las frases secas de los momentos sangrantes, maldita mi sangre, que en ella encontré calmante, maldita la mezcla y los reactivos, malditas las pastillas, mis tragos y tus vicios, malditos los vicios que por ellos vivimos, malditos ellos por mantenernos vivos.

Maldita la forma, malditos todos ¡Malditos! ...los minutos perdidos en este acto de visceral reencuentro; maldita la forma y nuestra cabeza abierta, malditas las amistades que nunca sabrán de lo especial que fue la nuestra. Maldita mi cabeza por no seguir viendo error, maldito el error que de él es esta historia, maldita la historia que nunca conoció de una como la nuestra, que nunca supo de nosotros, malditos nosotros que tampoco buscaremos quedar en ella. Maldita ella que noche tras noche me confesó leer cada una de estas palabras buscando respuesta, malditas las respuestas y las mil preguntas abiertas.
Maldita tu, maldito él, maldito el yo, maldita ella;
Maldita la manoseada histeria de la eterna fiesta.

(Maldita la poesía y la poesía por la poesía seca, malditas las canciones, los carruajes, malditos los poetas; malditas las musas y los falsos profetas, malditos los maestros y sus rebuscadas licencias. Maldita la tinta que por más que escribo al parecer bastante queda; maldita la hoja que en espanto disfruta de mi prosa entre ironías y carcajadas, maldita mi prosa y la mano de locuras enclaustradas, que en su alarde no pretende, digo no pretende más que calmar las vivencias ya rebautizadas)

domingo, 2 de mayo de 2010

CONFIESO AYER...

De haber cambiado ayer, hoy indudablemente estaríamos riendo, de haberlo hecho antes de ayer, hoy estaríamos como alguna vez ya lo hicimos: Lamentando. De habernos tenido como ayer, hoy doy por hecho que seguiríamos soñando, de habernos tenido como mañana, nada y más de algo nos hubiese separado.