lunes, 26 de septiembre de 2011

CARTA / AMOR Y ALTER EGO A UNA JUVENTUD

A veinticinco años, nada de lo que hoy te pueda escribir te dará calma, pues mis manos, así como mi cabeza, no descansan. Mi letra es poco legible y no por la poca luz de mi pieza, ni por la fría y seca noche, más bien es por la poca sutileza de mis involuntarios movimientos punzantes; tirito como tiritan mis estrellas tristes, así, mis manos no se dejan dominar; como mi bien oculto amor que, al igual que mi tinta, es al parecer, aun poco legible por tí a pesar de tanto.

Cariño, no te agotes en seguir leyendo si de miedos no quieres saber, que muchos encontrarás en estas líneas; y no leas mis líneas si de rutinas y día a día no quieres tener, que ya no tengo más que la rutina de mis recuerdos para un posible nuevo momento.

Pequeña, nada dicen mis palabras hoy si se trata de fuerzas, nada busques en esta carta si en ella quieres encontrar de ese amor desmedido e incontrolable, que de ti no se mucho; y tú teniendo tan bellas manos, y tan jóvenes deseos, aun así reúsas a escribirme respuesta alguna ante mis intentos. Amor, escucha más allá de mis ladridos, busca más allá de mis histerias, se que yo, mujer vieja y algo enferma en tí ha inspirado caricias de hermosas herencias.

Se que temes a mis lamentos, se que ríes en otros eventos; viajes y amistades consumen tu vuelo joven, bestial, lascivo y tierno. ¿Temes tus secretos? No temas de tus recreos, no me escondas tus juegos; no a mí, ¡Por Dios! Que prefiero dolor conocedor que silencio muerto.

Hermosa mi culpa, y certero mi error; imposible es negar, pecado sería hablar sin el sabido recuerdo instaurador.

Pequeña mía, no me niegues en tus rezos, no me olvides en tus días, mejor detente y guarda estas palabras y atesóralas en el amor de tus futuras fantasías.

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