¿¡Sólo lo singular puede ser curado!?
Entonces me haré único y nuevamente único en la prepotencia de querer ser universal.
¡Entonces ya no tendré cura!
Entonces me haré universal y nuevamente universal en la prepotencia de querer ser único.
Hazme hombre universal, conocimiento y conocedor de vidas y miradas mudas que sólo pueda yo entender. Permíteme ser tu paciente lector cotidiano, conocedor fundacional de tus mañanas... tu entorno. Hazme aquel hombre seguro, pero desafiante de tu centro; celo protector de lo que guardes en el secreto. Hazme contemplativo, pero inquieto, hazme universal por lo pequeño, hazme pensamiento posterior, hazme instaurador de lo que lleves en el recuerdo...
Hazme hombre enseñable, como aquel concepto, practicable pero único en el instante; respuesta y ésta una causa moldeable, didáctica poco convencional pero adaptable. Hazme suficiente para los escapes, de tu mundo, de tus oficios, tus conocidos, y tus males; hazme sonrisa y niño, hazme por ti un grito, animal ciego. Enséñame de mí lo distinto...
Hazme hombre exacto, verdad en donde antes vivió lo ambiguo, único en el recuerdo, certero por lo alguna vez dicho; descúbreme, ¡Libera! Que la invitación es, desde mis intentos perdidos. Haz de mí tu más bello temor, la duda es un buen principio; hazme perfecto en el error, verdad y piel necesaria de tus socavados vacíos...
Hazme hombre aplicable, en la situación fija y la verdad utilizada, respuesta en movimiento, acción vertiginosa de tu sangre; ardor y fundamento en voluntad, conmoción de lo efectivo. Hazme fuerza viva sólo en tu universo demostrable, ecuación libre, hazme fuerza y explosión, hazme tu dominio contrario, pasajero de tus días, tu voz y tus viajes...
Hazme hombre explicable, resumido, entendible y cercano a quienes quieran ser, pero complejo en esencia; único en la forma de ver, dócil bajo tus palabras, pero amplio en las lenguas. Conocedor de mis armas, hazme amigo de las nuevas y desafiantes maneras. Hazme hombre singular por lo impracticable, libera en el olvido, quema tú... el imaginario de lo impostergable...
Hazme hombre lógico, singular instrumento enérgico creador del modelo y la palabra ante el razonamiento del hombre contemporáneo; solitario de hogar e independiente en la visión, pero prudente en lo práctico. Dame las rutinas, agótame en lo profano, quemaré las situaciones, prometo, que no todas buscarán resultado...
Hazme hombre moral, ciudadano singular en la acción justa del hombre consciente y prudente en la generosidad del bien de este convivir; cordial botón de tus indomables fuegos, cabeza enferma de tus peores desenfrenos. Hazme real, hazme carne, dame hambriento; oído sordo y a ratos correcto, doble calle, doble andar, se tú mi celo...
Hazme hombre poético, biblioteca intangible de reglas para el resguardo de mi obra y el desenfunde virgen de los acontecimientos inconscientes; dame tránsito, palabras, imagen recurrente, dame labios, escúchame perdida entre la gente. Hazme generoso hasta que el altruismo nos amenace sin su ismo pero abstracto; fantasía literal sin mundos prudentes, hazme ojo y animal falto de silabario...
Hazme hombre retórico, virtud de la argumentación sin pausa y pausada por el solo entendimiento y la antigua creencia sobre el verdadero triunfo del poder de la razón. Envolvente en el silencio, hazme sutil y no redundante, hazme de traje simple, pero amable, quema el brindis, quema la flor: y con ella el honor de mi pecho en el tibio soplo de éstos... los nuevos culpables.
