viernes, 23 de marzo de 2012

ALGUNA VEZ... HUMANOS

Entonces...
¡Abriré mi cabeza!
Y no amable, indentificaré la silueta
¡Y por mí vendrán!
Quemaré las sombras, caminaré escogiendo a las más bella...
Y escucharé, y seguiré escuchando...
Tras el velo, cerca de lo que aun no entiendo
Cerca, insistiré antes de cualquier miedo

En deseo, abriré tus venas... y comeré con los modales de mi mal encierro
Escucharé y sabré...
Y tu lengua, junto a mi oído... sabrá también de silencio
Ejecutaré entonces, entonces y nuevamente
¡Y mis manos caerán!
La sangre entenderá su regreso

Entonces, y alguna vez entonces, me entenderé finalmente feliz...
Entonces, y alguna vez entonces, finalmente en tí...
Desnudo ante mis mil navajas escucharé...
¡Culpable!¡Culpable!
Y Gritarán...
Y por mi vendrán...

Sin entenderlo, vendrán, vendrán y gritarán...
Sin entenderlo apuntarán... y no entenderán...

Pero el culpable no podré ser yo,
entonces, aun asi me hecharán fuego;
Justificados por los emblemas sujetos
¡Y desconociendo su tiempo, empoderado y ciego
El estado en sitio, no se permitirá riesgos...

¡Esto no es un discurso!

¡Esto no es un manifiesto!
¡Esto no vende!
¡Esto no pretende enaltecer los egos!

Esto es... un secreto mal guardado
¡Un café de tarde!
Un andar cíclico nada virgen
¡Una rogativa sin lamento!
 
Pero entonces... pretendamos que sea un secreto...
Al oído, como entre sábanas susurrado
Melódico y perfecto, pero por todos olvidado
Entonces pretendamos que los libros y los años...
Que los niños, que tus labios...

¡Entonces las escuelas, mis alaridos y los alguna vez hombres escuchados!
Entonces mis domingos, la poca paciencia y la despedida de manos
Te digo, esto no es una carta;
Me digo, esto no puede ser un regalo;
Y sí, más parece un desvelo en la voz de los festejos apresurados...

Entonces... ¡Silencio!

Entonces, de acuerdo...
Entonces no seré yo una interrupción
Entonces, no seré yo quien en obseción impida tus miedos...

¡Amables, las palabras invertirán el camino!
¡Amables, bordearemos hoy lo que alguna vez perdimos!

¡Entonces encongeré mis piernas!
Y no coordinando mi triste vacío; ensangrentado, encumbraré por tí el relato de lo prohibido

Entonces me detendré...

¡Entonces ya no tendré cura!
¡Entonces estaré enfermo!
¡Entonces verán que toda esta treta fue sólo para captar su atención indferente de lo primero!

Y es que hoy señores, hoy temo...
Temo necesitar de una cura que finalmente me haga olvidar el por qué de mi enfermedad y todo posible evento que hasta aquí me trajo...
Sutil e incierto mi último error, el principio de todo intento de lo por otros antes negado.

Entonces veré muerte, y luego de mí: Nada...
Y enmudecidas mi palabras, tampoco será útil mi escritura...
Sin vestigios, todo será otra vez duda...
Y el hombre entonces ¡Sin otro a quien debatir!
Ha de necesitar demostrarse a si mismo, cómo quizás alguna vez ya fallamos, dejando nuevamente al hijo, en la inocente ignorancia del sobre valorado error que alguna vez nos hizo humanos.

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